Por José Rafael Sosa
SANTO DOMINGO. Falleció el Viernes Santos el artista Roberto Flores, considerado el muralista más trascendente de la nación.
Tras enfrentar complicaciones de salud propias de su avanzada edad, el creador visual —apodado «El Artista de las Montañas» por su entrañable vínculo con los entornos naturales de altura— falleció en paz. La noticia fue confirmada por su amigo y curador de arte, Abil Peralta Agüero, tras ser notificado por los familiares del maestro.
Nacido en Santo Domingo en 1949, Flores inició su trayectoria formativa en la Escuela Nacional de Bellas Artes de San Francisco de Macorís. En 1966, ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes de la capital, donde recibió instrucción directa de figuras monumentales como Pedro Villena, Domingo Liz y Jaime Colson, cuya influencia marcaría profundamente su estética.
Desde sus primeras apariciones públicas, Flores destacó por una inclinación académica y una fidelidad al estilo colsoniano. Su maestría en el dibujo mantuvo una calidad técnica impecable, incluso al ser trasladada a dimensiones colosales, conservando siempre una pureza pictórica que lo distinguió entre sus contemporáneos. No obstante, fue la técnica del fresco la que definió su legado, convirtiéndolo en el pionero dominicano en intervenir muros de iglesias, edificios y espacios públicos con esta milenaria disciplina.
Su obra mural, a menudo poblada de ángeles y figuras desnudas, ha sido descrita por la crítica de arte Virginia Goris como «un manifiesto viviente del arte verdadero de nuestra época».
El legado de Flores se extiende por diversos puntos de la geografía nacional; además de sus obras en recintos religiosos, la provincia Sánchez Ramírez alberga dos de sus piezas fundamentales: una en la Presa de Hatillo y otra en el ayuntamiento municipal de Cotuí. Asimismo, la Iglesia Nuestra Señora de Regla, en Baní, custodia parte de la producción de este artista, quien fuera laureado en la XII Bienal de Bellas Artes Plásticas (1972).
La trayectoria de Flores no estuvo exenta de controversia debido a la censura. Su obra «Alegoría de la Virgen del Carmen», un fresco ubicado en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen en Jarabacoa, fue el centro de una agria disputa iniciada en 2010.
El entonces párroco, Johnny Durán, ordenó la eliminación de la obra bajo el argumento de que los ángeles presentaban «miradas homosexuales».
Pese a que la pieza fue declarada Patrimonio Artístico Nacional por la Cámara de Diputados y contó con la férrea defensa de la comunidad cultural y periodística, la intolerancia prevaleció: en 2011, el fresco fue cubierto definitivamente con pintura blanca por disposición eclesiástica.
Este evento quedó registrado como uno de los episodios más polémicos de vulneración al derecho de autor y al patrimonio artístico en la historia reciente de la República Dominicana.



