domingo, marzo 29, 2026

Coopnama rinde emotivo homenaje al profesor Melanio Hernández, creador del emblemático libro «Nacho»

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Por José Rafael Sosa

SANTO DOMINGO. Con el libro Nacho, el país tiene una deuda pendiente, urgente e inevitable. ¿Cuántos de los actuales periodistas influyentes aprendieron a leer con sus páginas? ¿Cuántos de los empresarios que mueven las grandes corporaciones? ¿Cuántos de nuestros políticos, líderes cívicos o religiosos? Muchos, sin duda.

El homenaje que acaba de rendir a su autor, el profesor Melanio Hernández, la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de los Maestros (COOPNAMA), es un paso firme en la dirección correcta: reconocer su valor y rescatar su legado.

El libro Nacho ha sido un instrumento fundamental para la formación de millones de lectores en el país y en otras latitudes —como Colombia, Costa Rica, Ecuador y Venezuela— gracias a su difusión a través de editoriales educativas internacionales. Más que una simple cartilla, fue una intuición adelantada a su tiempo: un ejercicio temprano de lo que hoy entendemos como neuroeducación, al asociar palabras en contextos significativos para facilitar la asimilación de los códigos lingüísticos.

Cuando se evocan los símbolos de la dominicanidad, se citan los emblemas patrios, el plátano, la bachata o el merengue. Pero rara vez se menciona a Nacho, obra de una figura casi anónima: un maestro de escuela primaria rural llamado Melanio Hernández.

Maestro y pedagogo, Hernández fue una figura clave en la alfabetización inicial, no solo en la República Dominicana, sino en buena parte de América Latina. Su trayectoria abarcó el aula, la inspección educativa y la dirección de centros docentes, siendo Nacho su obra más trascendente.

El acto de homenaje resultó profundamente emotivo. Logró que los maestros de hoy asumieran con sensibilidad el valor de una trayectoria ejemplar, marcada por la vocación y la entrega.

Durante el evento, el profesor Santiago Portes, presidente de COOPNAMA, destacó las cualidades pedagógicas de Hernández; en la misma línea se pronunciaron el doctor Cruz Jiminián y el profesor Octavio del Carmen Bremón.

En 1973, Hernández —un maestro sencillo, pero dotado de una visión extraordinaria— creó esta cartilla basada en su experiencia directa en el aula. Hoy permanece entre nosotros como maestro retirado, aunque todavía sin el reconocimiento nacional que, por justicia histórica, debería ostentar plenamente.

La trascendencia de Nacho no es casual: responde a una armoniosa combinación de claridad metodológica y eficacia comprobada. Fue diseñado para enseñar a leer y escribir de forma gradual y práctica, integrando el reconocimiento de vocales, la asociación imagen-palabra y ejercicios orientados al desarrollo psicomotor.

Su importancia radica en la democratización del aprendizaje: un libro accesible, económico y comprensible, útil tanto en escuelas formales como en procesos comunitarios. A ello se suma su permanencia generacional, creando una memoria común entre padres, hijos y abuelos, algo poco frecuente en materiales educativos.

El homenaje de COOPNAMA es también un llamado a la conciencia nacional: es hora de volver la mirada hacia un hombre que logró una proeza educativa sin precedentes, cuya obra sigue siendo la base del desarrollo nacional a través de la alfabetización.

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