lunes, enero 12, 2026
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¿Dónde están los padres? La epidemia invisible del vaper en el barrio

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Por Wilson Rodríguez

wisada@gmail.com

Regresar al barrio donde uno creció y se desarrolló suele ser un ejercicio de añoranza, una búsqueda de recuerdos en cada esquina. Sin embargo, en mis visitas recientes, la nostalgia ha sido desplazada por una profunda alarma.

Como alguien que ya suma suficientes años para observar la vida con perspectiva, no puedo evitar hacer una evaluación visual de las nuevas generaciones. Lo que veo es algo muy alarmante: el vaper y la hooka se han convertido en extensiones naturales de las manos de nuestros niños y jóvenes.

Lo más impactante no es solo la prevalencia de estos dispositivos, sino la edad de quienes los portan. Estamos hablando de niños que, a simple vista, no alcanzan los 12 años, inhalando sustancias químicas con una normalidad sorprendente. Ante este escenario, la pregunta surge de forma inevitable e ingeniosa: ¿Dónde están los padres?

Existe una creencia errónea de que el vaper es «vapor de agua con sabor» o que la hooka es un simple pasatiempo social inofensivo. Nada más lejos de la realidad.

La ciencia ha sido clara: estos dispositivos entregan niveles peligrosos de nicotina, metales pesados y toxinas que afectan el desarrollo cerebral y pulmonar en etapas críticas del crecimiento.

Sin embargo, el problema no es solo la toxicidad del aparato, sino la toxicidad de la permisividad de los adultos.

 

El vacío de autoridad

Cuando un niño tiene acceso a un vaper, estamos ante un fallo sistémico en el hogar. No podemos culpar únicamente a las tiendas que los venden o a las modas de las redes sociales. La primera línea de defensa es, y siempre será, la familia.

  • ¿Se ha vuelto el «querer pertenecer» más importante que la salud?
  • ¿Hemos confundido el ser padres modernos con ser padres ausentes o cómplices?

Ver a un preadolescente oculto tras una nube de humo artificial no es una señal de madurez, es un grito de auxilio sobre la falta de límites y supervisión.

La libertad sin guía en edades tan tempranas no es autonomía; es abandono.

No podemos permitir que el rostro de nuestros barrios se defina por una generación que presta sus pulmones antes de terminar la escuela.

Los padres deben volver a preguntar, a revisar, a estar presentes. No se trata de ser autoritarios, sino de ser responsables.

El daño que estos dispositivos ocasionan es real y, en muchos casos, irreversible.

Si no actuamos hoy, mañana no estaremos visitando el barrio para recordar el pasado, sino para lamentar un futuro que se esfumó entre nubes de vapor.

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El autor es periodista, y analista deportivo y de comunicación

 

 

 

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